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viernes, 10 de diciembre de 2010

Breve historia criminal de la Iglesia católica.




Lo que sigue a continuación es una transcripción literal de lo que se dice en el vídeo:

"Hola a todos menos a la Santa Puta Madre Iglesia. Hoy vamos a hacer un breve recorrido de las felonías perpetradas por esta puta institución. Me cago en Dios y me sobra mierda para hacer un castillo.

Durante dos mil años perfectamente documentados, la Iglesia católica ha ejecutado crímenes y vejaciones de toda clase, teniendo como soporte a reyes, reyezuelos, tiranos y genocidas de toda laya. Ha consolidado su poder sobre la rapiña y el crimen. Ha matado más que cualquier religión e incluso que todas las religiones juntas. Me cago en la Santísima Trinidad, primero juntos y luego por separado hijos de la gran puta.

La historia de la Iglesia ha sido la de los genocidios, la violencia física contra las personas y la intimidación moral contra las conciencias, haciendo sentir culpables a millones de generaciones. En la Edad Media la puta Iglesia de Cristo asesinó a herejes, apóstatas, conversos o simples disidentes. Todos ellos fueron sometidos a los peores tormentos o quemados en hogueras. Me cago en Dios, en la Virgen y en todos los santos puestos en fila. Y que Dios me perdone si me dejo alguno.

En España, como ha dicho atinadamente una historiadora, el papel de la religión en la época inquisitorial era el mismo papel que jugaba la raza en la Alemania nazi. Ejecutó condenas sobre hombres de ciencia como Galileo, cuando no los quemó vivos en la hoguera como el caso de Miguel Servet. Me cago en Dios y me limpio el culo con las hojas de la Biblia. También la santa mafia católica intervino en innumerables guerras de exterminio, bendiciendo degollinas y monstruosos crímenes a lo largo y ancho del mundo. En el siglo XX tuvo estrechas alianzas, tanto en Europa con fascistas asesinos como Franco, Hitler o Mussolini, como en Sudamérica, aquí con otros asesinos nada despreciables como lo fueron Videla, Pinochet o Stroessner. Me cago en Dios, que con sus cuernos arrastra un vagón lleno de santos.

La Iglesia católica ha propagado el hambre, la miseria y el SIDA por el mundo a través de esa plaga apestosa, langostina y colérica llamada misioneros. Ha estado involucrada en todo tipo de abusos sexuales contra la infancia, ya se trate de pederastia, ya se trate de violaciones. Uno de los ejemplos más notables de falsificación histórica, además de la de Jesucristo, de la Santa Putísima Iglesia, es la beatificada madre Teresa de Calcuta, también llamada el ángel del infierno, una individua que resultó ser amiga de fascistas, corruptos, dictadores y criminales como el haitiano Duvalier o el mismo Reagan. En sus misiones en la India, además de predicar el sufrimiento para con los pobres, les negó, en muchos casos, la asistencia farmacológica básica. En definitiva, una enajenada católica integrista de extrema derecha que resultó ser una letal propagandista de un ideario homicida como bien denunció hace unos años un documental emitido en Gran Bretaña.

El vicario de Cristo en la Tierra, llamado comúnmente por la masa borreguil católica "Papa", no es más que un monarca teocrático absolutista que vive en un lujoso palacio dentro de un estado ficticio e ilegal llamado Vaticano. Y encima el muy hijo de la gran puta se permite el lujo de hablar en contra del aborto, de las medidas profilácticas contra el SIDA o de la terapia genética, esa esperanza para curar a miles de enfermos. En definitiva, cómo debemos comportarnos los que no creemos en las patrañas de los mitos religiosos. Hay que joderse, me cago en Dios y los santos yéndose de putas.

Hablando de dinero contante y sonante, la Iglesia posee valores en inmuebles, acciones, obligaciones y oro. A ello se suman entradas por arriendos, divisas y especulación monetaria. Además tiene inversiones multimillonarias en bolsa y en fábricas de armamento. A pesar de todo ello, en países de una pobreza atroz como Mozambique, los muy hijos de la gran puta no han tenido mejor idea que cobrar el diezmo a sus fieles para poder, dicen, subsistir. Desde la archidiócesis de Maputo (Mozambique) se considera que dar una donación como muestra de la fe es la oportunidad que Dios da para convertirnos en mejores personas. Me cago en el puto Dios y en la puta polla de Cristo.

En España la Iglesia goza de un estatus jurídico envidiable que ya quisiera para sí cualquier otra institución privada. Dinero público a mansalva en virtud de acuerdos antidemocráticos con los sucesores de Franco. La Iglesia católica sobrevive gracias a su extraordinario poder económico, a un organización jerárquica tiránica y también gracias al blindaje jurídico que le han otorgado los estados. En particular el español, con los cientos de millones de euros que le paga de los bolsillos de los contribuyentes, incluidos ateos. Y con las opíparas y antidemocráticas subvenciones a los colegios religiosos concertados, entre otras muchas bicocas. Y aún así se quejan estos hijos de su puta madre diciendo, como el inefable prelado Cañizares, que en tiempos de Franco la enseñanza estaba mejor. Me cago en Dios, en la cruz, en el carpintero..."

sábado, 25 de septiembre de 2010

Ratzinger: un papa nazi.

Existen muchas formas de eximir responsabilidades. Nuestra sociedad occidental, católica, apostólica y romana es rica en argumentos absolutorios. El mercado ofrece amplia gama para tranquilizar la conciencia. Si lo hace ante el confesor, el pecado se resuelve en el bis a bis entre el sacerdote y el transgresor. Se absuelve al pecador por el rezo y la constricción. Amparado en el secreto de confesión me acuso de matar: cuatro padre nuestros y dos rosarios cantados; de violar: tres ave maría y dos padre nuestros; de robar: ayuno y rosario. Y a la semana siguiente, más de lo mismo. Así se puede estar toda una vida matando, violando o robando convencido, domingo a domingo, que la absolución del sacerdote deja limpio de pecado y purifica el alma. La defensa de la fe consiste en mantener vivo este principio y no cuestionar su existencia. Sobre todo en una sociedad capitalista donde Iglesia y Estado comparten una teología política sobre la cual construyen su poder omnímodo. Joseph Ratzinger lo sabe, por eso persiguió durante 25 años, como prefecto de la Congregación de la Fe, antigua inquisición, a los teólogos reformadores más destacados del siglo XX y calló ante el asesinato de sacerdotes de la teología de la liberación.

Mas la sociedad política exonera hoy el pasado secular y la biografía ciudadana del nuevo papa. Ratzinger forma parte de una institución, la Iglesia, en cuya organización coexisten cardenales, obispos, arzobispos, párrocos y cohabitan pederastas, nazis, ladrones, corruptos, mafiosos, torturadores, asesinos, anticomunistas, y algunos católicos honestos. Es una institución cuyo poder se extiende a la sociedad civil y donde la capacidad de controlar la vida después de la muerte y la purificación del alma le otorga un plus capaz de competir con el poder de cualquier empresa transnacional. Sus mecanismos de presión son los mismos que utiliza cualquier monopolio a la hora de maximizar sus beneficios y de imponer sus dogmas. Poca diferencia existe entre el FMI y el Vaticano.

Con motivo de la elección del nuevo director gerente del consejo de administración de la Iglesia, emerge una biografía pública poco conocida de la juventud del elegido, ahora Benedicto XVI. A los 13 años, por decisión propia se afilia a las juventudes hitlerianas, hecho irrelevante en su carrera al purpurado o intrascendente, pero que cobra fuerza a los efectos de su transfiguración en papa. Sobre todo si consideramos que tras la decisión de los cónclaves se expresa el Espíritu Santo. Es decir, su iluminada fe sabe que un muchacho alemán en pleno Tercer Reich asume el ideario nazi y más adelante participa de su organización militar. Hoy, para redimirlo se argumenta la deserción del mozo en medio de la batalla. Nada nos dice si tal acto supuso el abandono de la ideología nazi. Muchos ex militantes del partido nazi, tras la derrota militar, han mantenido sus convicciones sólo que no lo publicitan al no ser requisito para sobrevivir. Recordemos que en Alemania, para cubrir este pasado ignominioso de muchos cobardes se intenta justificar la pertenencia a las juventudes hitlerianas como parte de una imposición del Tercer Reich a la ciudadanía. Argumento falso. Muchos alemanes se negaron a serlo y pagaron por ello. Sin embargo, hoy, tras medio siglo del Holocausto un ex joven nazi es elegido sucesor de Pedro. Para más INRI ejerció, ya lo señalamos, durante 25 años vocacionalmente la inquisición durante el papado de Juan Pablo II. Es decir, estamos en presencia de un hombre que se labra su personalidad acorde con sus principios ideológico-políticos. Es reincidente y se jacta de ejercer el poder de manera totalitaria y sin espacio para la crítica, el diálogo o un encuentro con la tolerancia y la diferencia. Ratzinger aplicó el principio de la solución final para el discrepante. Se manifestó abiertamente contra el avance de la ciencia, la razón humana, el progreso y la teoría de la evolución. Condenó no sólo a teólogos y teologías de la liberación humana: ha sido escrupuloso defensor de una Iglesia cerrada y elitista comprometida con el poderoso.

Resulta curioso que creyentes, católicos practicantes, dirigentes políticos y miembros de la sociedad comprometidos con la defensa de la democracia y la dignidad no levanten con mayor fuerza su voz y reclamen contra semejante ignominia al elegir un nazi confeso como su pastor. Al menos deberían exigirle abominación pública del nazismo. De lo contrario la responsabilidad de los católicos en la absolución del nuevo papa de su pasado nazi e inquisitorial es tan importante como la de quienes en el agnosticismo podemos comprobar que durante 40 años, Ratzinger ha sido un gran baluarte en la práctica de los métodos de la contrarreforma. Ahora resulta que haber sido nazi por convicción es un atenuante en el currículum para llegar a papa. Antes podía haber cortado la carrera a la designación, en este momento se soslaya. El argumento que exime es caricaturesco: todos los alemanes eran nazis, no menos que todos los italianos fascistas. Podemos hacer una larga lista inclusiva donde apelar al "todos son" o "eran" acaba por ser una gran mentira. Ni todos eran ni todos son. En Chile, militares se opusieron a la tortura y fueron asesinados. En Argentina y otros países sucedió algo similar. Pero existe la vulgarización donde se oculta la vida ejemplar que rescata la condición humana y donde se refleja toda la esencia ética de la dignidad. Es mejor apoyar la cobardía bajo el "todos" eran nazis y camisas negras. Ni todos fueron ni todos eran. Para ejemplo: Sócrates y Giordano Bruno. Y muchos que desde el anonimato defienden la dignidad y la condición humana. Si no, preguntenle al EZLN.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=14401

viernes, 3 de septiembre de 2010

Apostasía.

Mikel Arizaleta.

No deja de ser curioso. Se confirma aquel pensamiento nietzschiano de que la iglesia es la sepultura de “dios”, un recuerdo petrificado de algo que muy probablemente no existió jamás. También la de los franciscanos de Arantzazu, la del friso oteiziano de los apóstoles, como muestra su postura comunitaria ante el anatema del obispo Munilla contra el teólogo José Arregi

Y es muy posible que al franciscano José Arregi en otros tiempos, dentro del cristianismo y durante siglos, le hubieran excomulgado, colgado, o quemado. Que nadie se confunda, hoy en día es sólo la relativa impotencia del clero lo que impide que quemen a sus enemigos. No las ganas ni su metanoia. Ahí está el casi millar de teólogos brillantes, creativos, sugerentes, no sumisos a la fórmula jesuitica y muy episcopal perinde ac cadaver, expulsados, vilipendiados, excluidos y puteados de mala manera en su vida. ¡Y a cuántos han capado, convirtiendo toros bravos en bueyes mansos y sin brillo!

Es un hecho que en el siglo XV y por determinación del Concilio de Constanza se quemó al teólogo, filósofo, reformador, predicador checo y profesor de la universidad de Praga Jan Hus, por mandato del mismo concilio de la Iglesia católica en el que participaron además del “Espíritu Santo” setecientas prostitutas públicas, sin contar las que se trajeron los propios padres del Concilio. El mismo siglo en el que el papa franciscano Sixto IV, el que construyó la Capilla Sixtina -que lleva su nombre-, construyó también un burdel de mucho éxito y que en 1476 introdujo la fiesta de la Inmaculada Concepción. La hipocresía es un propio de la Iglesia católica y sus gentes, como hoy mismo comenta alguna prensa ante la separación de la muy católica Yolanda Barcina, alcaldesa de Iruña y modelo preclaro actual de la moral cristiana de la Iglesia, ayer todavía militante activa de la irrompibilidad y sacralidad matrimonial. Reflejo de “su desastrosa moral sexual y social, de su práctica de proteger dentro del vientre materno lo que luego, con su bendición y apoyo, se sacrifica en la guerra como si en las tripas de las mujeres se criara la carne de cañón”.

Dice el teólogo José Arregi en su agur: “Tomé la palabra, no porque tenga algún mensaje profético urgente que pregonar, sino simplemente porque ya pasaron los tiempos en que la libertad de palabra pudiera ser impedida en la Iglesia de Jesús con pretextos de dogmas y magisterios. Dije “No callaré” y eso equivalía a una insumisión, y en la Iglesia institucional que tenemos no hay lugar para insumisos, y yo lo sabía. Tampoco hay lugar para insumisos en la Orden franciscana que tenemos, y también esto lo sabía”.

Y clamoroso el silencio de los poderes públicos, en especial el de su Ayuntamiento de Oñati, ante la intromisión de la Iglesia en el recorte y violación de derechos civiles de un ciudadano.

Nada extraño, sus alcaldes hoy como entonces siguen bailando a la virgen.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=112289&titular=apostas%EDa-

martes, 27 de julio de 2010

Cayetano Ripoll.

Víctor Manuel Casco Ruiz.

Cuando Juan Antonio Llorente (1) daba a la imprenta los dos primeros volúmenes de su inconclusa “Historia de la Inquisición” poco podía sospechar que, al listado de condenados que él se estaba esforzando por completar desde su privilegiada situación (había desempeñado hasta 1801 el cargo de Secretario General de la Inquisición) aún se le podría añadir en 1826 una nueva – y última – víctima: el maestro Cayetano Ripoll, mi santo de esta semana.

Cayetano Ripoll había nacido en Solsona, en 1787. Maestro de escuela, tiene el trágico honor de haber sido la última víctima de la Inquisición española, abolida por el rey José I y también por las Cortes de Cádiz, pero restaurada por el rey felón Fernando VII. Ripoll habría de morir en la horca, ejecutado en Valencia el 31 de julio de 1826.

Ripoll había luchado contra los franceses en la Guerra de la Independencia. Hecho prisionero, en Francia tuvo relación con los grupos liberales y se adscribió al deísmo. Pudo regresar al fin a España y ejercer su profesión de maestro.

España vivía el espejismo del trienio liberal: pareciera que Fernando VII, quien había abdicado de su trono en favor de José I y había vivido muy cómodo de las rentas que Bonaparte le entregara, despreocupado totalmente de la guerra hasta que, ya en las postrimerías de la derrota de las armas francesas, decide subirse al carro de los nuevos vencedores y acepta jurar la Constitución de Cadiz a cambio de reinar (para luego romper su juramento), acepta por fin un gobierno liberal que pretende modernizar España. Duró poco el sueño: Fernando VII se pone en manos de un ejército extranjero (los 100.000 hijos de San Luis) quienes entran en el país, derrotan a los liberales y le permiten poder gobernar desde el más estricto absolutismo. Las ejecuciones se suceden.

Y será precisamente en 1824 cuando Ripoll sea denunciado ante el Santo Oficio por no llevar a sus alumnos a misa, por sustituir la frase “Ave María” por “Las alabanzas pertenecen a Dios” en las oraciones del colegio y por su adscripción al deísmo.

Arrestado, encarcelado y juzgado fue condenado a la horca y a una hoguera simbólica: se colocó bajo la horca un barril con llamas pintadas. Fue ejecutado el 31 de julio de 1826. Sus restos fueron quemados posteriormente en el antiguo Cremador de la Inquisició.

Aún habría que esperar hasta 1834 para que un decreto suprimiese definitivamente el Tribunal de la Santa Inquisición (2) (3). Llegó tarde para Ripoll.

NOTAS

(1) Juan Antonio Llorente (1756-1823) había intentado reformar el Santo Oficio en 1794 (era su Secretario General desde 1789), pero la caída del ministro Jovellanos le impidió llevar a buen término su programa. Con José I participó en la Asamblea de Notables de Bayona y propugnó la abolición del Santo Oficio: el nuevo gobierno le encargó custodiar los archivos de la institución nombrándole Director General de Bienes Nacionales. Es entonces cuando empieza a publicar por volúmenes una “Historia de la Inquisición”. La derrota francesa le llevó al exilio, aunque regresaría durante el trienio liberal. Entre mis libros tengo su “Memoria histórica de la Inquisición”, el discurso de ingreso a la Academia de la Historia que pronunciara en 1811.

(2) Hay varios libros de historiadores contemporáneos sobre esta institución eclesiástica. Yo recomiendo el de Henry Kamen “La Inquisición española”.

(3) La Inquisición fue reconvertida en la Iglesia Católica en la “Congregación para la Doctrina de la Fe” – el actual Papa fue, hasta su “elevación”, secretario de la misma. La Congregación ha servido fundamentalmente para juzgar y acallar las disidencias dentro de la propia Iglesia (ya que no podía hacerlo fuera, entre el laicado): los teólogos de la Liberación o Hans Küng han sido sus últimas víctimas. El Índice de Libros Prohibidos se mantuvo vigente durante todo el siglo XIX y parte del XX. En el Índice se encuentran, por ejemplo, “El origen de las especies” de Charles Darwin, los escritos de Voltarie o literatos como Alejandro Dumas, Emile Zola o Stendhal … sin embargo ”Mi lucha” de Adolf Hitler no mereció figurar en el mismo.

Fuente: http://blogs.tercerainformacion.es/victorcasco/2010/07/03/santoral-5-cayetano-ripoll/

Giordano Bruno.

El 17 de febrero de 1600 fue llevado al Campo dei Fiori, en Roma. Vejado, desnudado, atado a un palo, su lengua aferrada a una prensa de madera para evitar que hablase y finalmente quemado vivo. Su nombre: Giordano Bruno. Su crimen: pensar de otro modo. Pensar, contra los dogmas, a secas.

“Hereje impenitente, pertinaz, obstinado”. Ese fue su delito a ojos de la Iglesia Católica que lo juzgó, lo mantuvo preso entre 1592 y 1600 y lo llevó a la hoguera (1). Era algo peor que un hereje, era un hereje que se negaba a retractarse, que no cedía, que quería mantenerse fiel a sus principios y a sus ideas porque no le habían demostrado la falsedad de éstas.

Frente a la Iglesia, que, Biblia en mano, defendía dogmáticamente que sólo un mundo se había creado, Bruno hablaba de la pluralidad de los mundos y los sistemas solares; allí donde, Biblia mediante, el Sol daba vueltas alrededor de la Tierra, él optó por el heliocentrismo; habló también de la infinitud del espacio y el Universo – cuando sólo el dios cristiano podía ser infinito - y del movimiento de los astros.

La primera gran defensa del copernicanismo se debió a este monje rebelde. Se llevó a cabo en su diálogo “La cena de las cenizas”, que tomó su nombre de la discusión sobre el heliocentrismo en la cena del miércoles de ceniza de 1584 en la residencia Fulke Greville, en Whitehall.

La mentalidad dominante de la época podía resumirse en las posturas de Cremonini y Libri, profesores de filosofía en la Universidad de Padua, en tiempos de Galileo Galilei: éstos cuestionaron la idea de otras lunas en Júpiter, o de la existencia de cráteres y montañas en la Luna con el argumento de que la imperfección de la Luna atacaba los principios mismos del dogma religioso, ya que el dios bíblico había creado un cielo perfecto, y la existencia de objetos invisibles al hombre como los satélites de Júpiter cuestionaba la afirmación del Génesis de que se habían creado las estrellas para deleite del hombre – ¡y qué sentido tiene entonces crear cosas que no se pueden ver a simple vista! -; pero lo curioso del caso no es que éstos dos filósofos defendiesen esas posturas, sino que se negaron toda su vida a mirar por un telescopio, pese al ofrecimiento de Galileo de hacerlo y comprobarlo por ellos mismos:

“No les bastaría – escribió Galileo – el testimonio de la misma estrella si bajase a la Tierra y hablase de sí misma”.

El caso de Bruno lo tendría muy presente Galileo en su juicio. Su asesinato y agonía sirvió para dar una lección. Para meter el miedo en el cuerpo.

El 8 de febrero – cuando le estaban leyendo la sentencia en Roma por la que se le declaraba herético, impenitente, pertinaz y obstinado, Giordano Bruno se dirigió a los jueces para decirles: “Tembláis más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla“

Ninguna de sus obras se reeditaría antes del siglo XVIII.

Notas:

(1) Por cierto, que el proceso inquisitorial al que fue sometido estuvo dirigido por el cardenal Roberto Belarmino, el mismo que llevaría un juicio similar contra Galileo Galilei.

Y en el Ateneo vamos a proyectar el lunes 2 de agosto a las 20h, la película “Giordano Bruno“, de Gian María Volante – que véis en el video de youtube – y el lunes 9 de agosto, a la misma hora, “Galileo” de Joseph Losey, basada en el texto de la obra teatral de Bertolt Brecht.

Fuente: http://blogs.tercerainformacion.es/victorcasco/2010/07/25/santoral-giordano-bruno/

sábado, 17 de julio de 2010

Pablo IV (1555-1559).

Energético, inflexible y fanático son los adjetivos con los cuales se define al Papa Pablo IV. Habiendo sido Gran Inquisidor y maestro de la tortura por una generación, este Papa fue el terror de los incrédulos. Su logro mas grande fue hacer de la inquisición un arma fuerte en Italia, los Países Bajos y el Oriente. Creía tanto en la tortura que gustosamente pagaba de su propio cofre nuevos instrumentos. Reformó la Iglesia usando todos los métodos a su disposición sin importar quién cayera.
Famoso también por la corrupción, él colocó a su sobrino Carlo Caraffa como cabeza política de la Santa Sede.

Enemigo de los judíos, las mujeres y los protestantes.

En Julio de 1555, dos meses después de su elección, el Papa Pablo IV hizo pública una bula (edicto) poco conocida (cum nimis absurdum), contra los judíos debido a que él sospechaba que los judíos estaban asistiendo a los prostestantes. La bula papal hacía recordar a los cristianos que desde que los judíos habían matado a Cristo, sólo estaban en condiciones de ser esclavos. Les fue ordenado quedar confinados a un área restringida, el gueto y usar un peculiar sombrero amarillo. Fueron obligados a venderles sus propiedades a cristianos a precio regalado (por ejemplo una casa a cambio de un burro o un viñedo por una prenda.

Los judíos sólo podían dedicarse al comercio de poca importancia y a la strazzaria (la venta de ropa de segunda mano); tampoco podían emplear a cristianos ni asistirlos médicamente. La mayoría de sus sinagogas fueron destruidas como también sus libros sagrados. Los cristianos no podían dirigirse a ellos llamándolos “sir” (señor), ni siquiera los mendigos. Llevaban puesto en público un sombrero amarillo como identificación [1], y tenían que regresar a su gueto al caer la noche. El gueto romano estaba poblado con más de 4.000 judíos en un perímetro de 500 yardas. El Papa Pablo IV esperaba que las medidas represivas condujeran a una conversión masiva, pero la mayoría de los judíos permaneció inquebrantable en su fe.

Se dice que el Papa odiaba a las mujeres tanto como a los judíos, prohibiéndoles acercarse a él en cualquier momento. Su odio hacia los protestantes, era tan violento que se perpetuó el alejamiento entre el Vaticano e Inglaterra. Se negaba a comunicarse con la Reina Elizabeth I por su condición de mujer y protestante.

Índice de Libros Prohibidos.

Con la invención de la imprenta alrededor del año 1450, los libros comenzaron a rodar por las prensas. La Inquisición buscó censurar el contenido y la cantidad de libros y en 1559, Pablo IV autorizó un Índice oficial de Libros Prohibidos, destinando a éste una larga lista de libros. Entre los títulos se encontraba el clásico de la literatura de Boccaccio el Decamerón, y el Gargantua y Pantagruel de Rabelais.

También se incluía un tratado, Consilium (consejo), al que él mismo había contribuido como Cardenal. El tratado había criticado abiertamente la supremacía papal, la simonía (soborno para favores espirituales) y otros abusos (una copia cayó en manos de los protestantes, quienes encontraron que ese tratado simplemente confirmaba todo sobre lo que ellos habían estado protestando). Los editores eran constantemente amenazados para mantenerlos a raya y varios autores, o bien cesaban de escribir o tenían que contentarse con publicar versiones "aceptables".

Poco antes de su muerte, Pablo IV expresó su deseo de incluir profesiones a su Índice. Entre ellos se encontraban: actores, bufones, y escultores que realizaban crucifijos feos. Cuando Pablo murió en Agosto de 1559 el pueblo quemó el Palacio de la Inquisición, liberó a los prisioneros y destruyó sus estatuas.

Fuente: http://www.herenciacristiana.com/historiapapa/pablo4.html

[1]Indentificar a los judíos con un distintivo amarillo (en este caso un sombrero) fue un invento cristiano, los nazis sólo copiaron lo que los cristianos hicieron muchos siglos antes que ellos.

La Iglesia, enemiga de la libertad de expresión.

“Escribo 10 de febrero de 1600 con una pluma infame, sin anteojos y cuando me quedan siete días de vida por delante, si puede llamarse vida a pudrirse en el hedor de un calabozo...; y soy un animal viejo resuelto a no perder la razón, así deba arrastrarme hasta el fin bajo el fardo en el que se resume mi vida. Por eso he pedido tinta y papel... Dentro de siete días me quemarán, a mí y estas páginas. Habrá un suspiro, un estremecimiento imperceptible del mundo, y Giordano Bruno, escritor, profesor de filosofía natural, antiguo consejero del rey de Francia, héroe de la memoria, de las letras, de las ciencias y de las artes mágicas, no será más que un recuerdo.... Quedará mi muerte abominable como única revancha. La huella de un pie en la nieve: alguien ha pasado, dirán”.

No hace mucho, en su bello artículo publicado en Gara, nos recordaba otro gran hombre de nuestros días, Juan Mari Escubi –al que tanto le debemos los vascos por agrupar y liderar aquella oposición contra la central nuclear de Lemoiz, que espero se convierta pronto en libro- otro de los muchos asesinatos perpetrado por la “santa” Iglesia contra un sabio de su tiempo mediante su eterna inquisición de muerte y retroceso. El de Giordano Bruno, quemado en hoguera de fuego por la inquisición el 17 de febrero de 1600.

En la historia de la Iglesia católica son varios los inquisidores, que tras llevar a cabo largas matanzas, fueron nominados más tarde papas, por ejemplo Giovanni Caetano Orsini que se convertiría en el papa Nicolás III (1277-1280). Pero en la Iglesia, que tiene esencia de eternidad y es fósil en el campo científico y en temas de libertad y respeto, no hace falta retrotraerse tanto en el tiempo para ver vertido el ayer en el hoy. Porque también el inquisidor general de la Iglesia, Ratzinger, fue elegido papa por sus compañeros para que, como Benedicto XVI, siguiera su labor de juez y condena. Y el bávaro Joseph Ratzinger fue una mala bestia como inquisidor. Hombres brillantes y coherentes, investigadores, científicos y teólogos destacados en la ciencia e investigación han sentido en los últimos setenta años, quizá como nunca antes al menos en número, el puntapié inquisidor y retrógrado de una Iglesia, que no pudiendo quemar, ha ido expulsando, humillando y persiguiendo de mala manera a gentes, que honestamente han ido abriendo camino en las ciencias, en el estudio de la Biblia y en el gran fraude del cristianismo. “Durante los periodos papales de Pío XII (1939-1958) y de Juan Pablo II (1978-2005) fueron amonestados, suspendidos o prohibidos los más importantes teólogos católicos del siglo XX. Les dejaron sin voz y sin pluma, siendo inquisidores generales Alfredo Ottaviani y Joseph Ratzinger”. Ejemplos muchos en casa y fuera: Teilhard de Chardin, Henri de Lubac, Henri Bouillard, Yves Congar, John Mc Nelly, Jacque Pohier, Charles Curran, Herbert Haag, Eugen Drewermann, Edward Schillebeeckx, Hans Küng, Ernesto Cardenal, Miguel d'Escotto, Jon Sobrino, Gerd Lüdemann, Hubertus Mynarek, Leonardo Boff, Marciano Vidal, Juan José Tamayo, Castillo, González Faus, Benjamín Forcano, Patxi Larrainzar... La lista se hace interminable, la sangría inmensa. No, no encontrarán ningún profesor de la universidad de Deusto. Sus artículos sólo encuentran cabida en Vocento y el Correo español. No dan para más. La Iglesia es un erial, un trozo de la Edad Media en pensamiento, libertad y respeto. El silencio y la colaboración de muchos teólogos, que hoy ocupan puestos y cátedras, ante el gran atentado contra derechos elementales de estos teólogos sabios y osados ha sido sonrojante y vergonzante.

No hace mucho leía en ese gran libro que es “La Biblia desenterrada” de Finkelstein y Silberman que “antes de Moisés existía la violencia, pero mediante Moisés vino una nueva violencia, la violencia en nombre de Dios. El cristianismo comenzó también a emplear la violencia en nombre de la verdad: la verdadera fe debe ser anunciada a los paganos, si es menester con la espada para salvar su alma de la condenación eterna”.Y ahí siguen ellos, hablando como dos grandes asesinos, como el Dios Yahvé y el guerrero Moisés. Lean por curiosidad, conocimiento y decencia “La historia criminal del cristianismo” de Karlheinz Deschner y verán el reguero de sangre que han dejado en la historia este Dios de los cristianos y esta Iglesia de Roma. Y que no es broma su maldad y muerte hoy nos recuerda el gran Giordano Bruno.

Y si el inquisidor de ayer, Joseph Ratzinger, es el papa Benedicto XVI de hoy, su sucursal de ayer en el estado español y el otrora representante del gran inquisidor de la Iglesia es el actual presidente de la Conferencia episcopal española y se llama Ricardo Blázquez, el obispo de Bilbao. No hace mucho, el teólogo que a inicios del 2000 sintió en su espalda el látigo inquisitorial de Ratzinger y Blázquez, Marciano Vidal, narró en público a su paso por Bilbao su penoso calvario, su bestial humillación a los 60 y pico años, tras muchos de profesor y ciencia, tras décadas de catedrático reconocido más allá de fronteras. “Nunca pensé que la Iglesia pudiera ser tan inhumana”, musitó. Los obispos y cardenales Rouco Varela, Cañizares Llovera, Herranz Casado, García-Gasco, Martínez Camino, Fernando Sebastián, José Asurmendi... son los nuevos guerreros de la Orden Teutónica, los Templarios y Caballeros de san Juan, aquellos paramilitares sanguinarios de la Edad Media que, a falta de razón, empleaban contra las gentes la espada, el terror y hasta la muerte. Embridan en su dignidad a sacerdotes mayores, tras años de servicio, con la vil amenaza de un recorte de castigo en su mísero salario. Su voz es La COPE, su pancarta política el PP o UPN. En las últimas elecciones oí susurrar a una anciana, que debía votar en el colegio electoral ubicado en el colegio de los jesuitas de Indautxu (Bilbo): “No hay derecho que tenga que votar en un aula presidida por un crucifijo, luego de pasar entre carteles con glorias a María, virgen y madre”. Su queja la hice denuncia por escrito y el alcalde, que es quien designa los locales electorales, el Sr. Azkuna, bailó con la queja de la anciana y mi escrito un aurresku de carnaval a su “amatxo de Begoña”. Cómo no, en el entorno del colegio electoral de los jesuitas de Indautxu destacan con fuerza los votos del PP y del PNV. Son Dios y su Iglesia.

Mañana cuando yo muera
no me vengáis a llorar,
nunca estaré bajo tierra
soy viento de libertad.

¡Giordano, con el paso del tiempo hemos descubierto tu digna huella en la nieve!

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=47855


Un simple comentario al texto: da exactamente igual el partido político que gobierne, PP o PSOE, la Iglesia seguirá disfrutando de un poder omnímodo; si bien es cierto, como el autor del texto apunta, que con el PP la afinidad es mucho mayor; aun así, la Iglesia infiltra todos los estamentos del poder.